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Figura Bosch Aymerich

Girona 18.09.1917—Barcelona 16.02.2015

Si tuviéramos que destacar un aspecto en la trayectoria profesional de José María Bosch y Aymerich sería, sin duda, el de la formación. Sirva como prueba un hecho incontestable: cuando, a principios de los años cincuenta, el gobierno de los E.U.A. requirió al famoso MIT (Massachusetts Institute of Technology) que le proporcionara los nombres de los técnicos mejor preparados de España, quien encabezaba la lista era Bosch y Aymerich.

Gerundense, hijo de un abogado dedicado a la industria minera y de una heredera de Castelló d’Empúries, tuvo que pasar la infancia bajo el signo de la ruina económica de la familia y una adolescencia truncada por la desgraciada guerra civil en que murieron asesinados el padre y un hermano. Nada de esto, sin embargo, lo abatió. Al terminar la guerra se preparó en la Academia del Sr. Humet de Barcelona para aprobar la segunda prueba de ingreso a la carrera de ingeniero industrial. Cursando ya el primer curso en la Escuela Superior de Ingenieros, sobrevino el inesperado fallecimiento del director de la Academia. Atendiendo a la alta preparación y la capacidad excepcional de aquel joven, la viuda del Sr. Humet, aconsejada por los profesores del primer curso de la carrera, le pidió que se encargara de la dirección.

Se puede decir que el Álgebra, la Geometría y la Física lo convirtieron en el «hermano mayor» de un grupo de jóvenes provenientes de las familias más poderosas de Cataluña, los que luchaban por superar la durísima barrera de entrada y el estricto «numerus clausus» que se imponía en la carrera de Ingeniería de aquella época. Este trabajo lo proveyó de una independencia económica que le permitió cursar los primeros seis cursos de la carrera de Arquitectura (su gran pasión), la cual constaba, entonces, de 9 cursos.

También terminó los 6 cursos que le quedaban de la carrera de ingeniero. Con los máximos honores, fue el número uno en las respectivas promociones de las tres Escuelas de Ingeniería Industrial de España (Barcelona, ​​Madrid y Bilbao) y obtuvo, además, el «Premio Nacional de Fin de Carrera» del año 1944. El ministro de industria, Antonio Suances, le dio en persona el galardón y le aconsejó que dejara la enseñanza para dedicarse a la gestión. El joven ingeniero le causó tan buena impresión al ministro que le ofreció el cargo de delegado del «Instituto Nacional de Industria» (INI) en el extranjero, dándole la posibilidad de escoger el país. Eligió los EE.UU de América, cuando aún no había terminado la Segunda Guerra Mundial. Sin pensarlo dos veces se dirigió a un destino que le marcaría de manera determinante: Cambridge, sede de la Universidad de Havard.

También por consejo del ministro, antes de sortear submarinos alemanes por el Atlántico, aprendió a capear las duras condiciones de la actividad fabril en el estropeado aparato productivo español. Mientras hacía las prácticas de alférez a las Milicias Universitarias, trabajó en la fábrica de hélices Elizalde en Barcelona y luego en los astilleros de la «Empresa Nacional Bazán» en Ferrol. También en el ámbito personal fue determinante el sinuoso recorrido, impuesto por la guerra, del trasatlántico «Marqués de Comillas» que le llevó a la potencia que se perfilaba como la gran vencedora de la conflagración. En aquellos treinta días conoció a una joven catalana estudiante de derecho y futura abogada, María Rosa Escarpenter y Fargas, la familia de la que vivía en Cuba. Pocos años después, con ella contrajo el matrimonio.

La segunda etapa en la formación académica de Bosch y Aymerich fue igualmente brillante. En el mítico Instituto Tecnológico de Massachusetts tuvo el privilegio de asistir a las clases magistrales que impartían arquitectos de la talla de Alvar Aalto, Le Corbusier o Walter Gropius. La excepcionalidad del momento le permitió, además, convertir los dos años del post-grado en un solo año de estudios intensos, graduándose como Master of Science in Business and Engineering Administration. Posiblemente fue el primer español que lo obtuvo. Consecuencia de ello fue el ofrecimiento por parte del Departamento de Estado Norteamericano de la dirección de «Puerto Rican Development Corporation», que no aceptó porque consideraba que debía, en primer lugar, en su país.

El tercer logro significativo -de vuelta de EE.UU., en mayo de 1947, y ya desvinculado del INI fue terminar en un año los tres cursos que le faltaban para graduarse como arquitecto, obteniendo, a continuación, el doctorado en Ingeniería y en Arquitectura. Poco después se le concedió el honor de formar parte de la Junta Directiva de la Real Academia de Doctores.

Antes de pasar a describir la actividad empresarial y profesional de José María Bosch y Aymerich, todavía hay que resaltar, en el apartado económico o formativo, dos hechos significativos. Uno es el nombramiento como representante del MIT en Barcelona y el otro a la fundación, conjuntamente con un buen amigo, el Dr. José Poal, del Instituto de Estudios Norteamericanos, en la ciudad de Barcelona.

Hizo lo que pudo para conseguir licencias de instalaciones industriales estadounidenses en Cataluña, pero la Administración de aquellos tiempos no lo veía con buenos ojos. Ante obstáculos insalvables concentró sus esfuerzos en la dirección contraria: conseguir y explotar patentes españolas en EE.UU.

Con este fin puso en marcha la firma American Contando Card Inc. A Euclid (Ohio). Pero tuvo que delegar estas actividades cuando, en 1947, ganó por concurso la plaza de Director Técnico Industrial de la Zona Franca de Barcelona. Trabajando para este organismo colabora decisivamente en la instalación de la fábrica SEAT en la Zona Franca, en contra del deseo del director general de entonces, Ortiz Echagüe, empeñado en llevarla a Bilbao. Los informes presentados por él en el Consorcio fueron tan contundentes, y planteaban unas condiciones tan ventajosas, que decantaron la balanza a favor de la opción barcelonesa.

De esta misma época es otra audacia técnica que refleja la visión de futuro que tenía en el campo de la planificación urbanística. Concebir una vía periférica de cien metros de ancho por la Zona Franca. Muy por encima de las especificaciones que se estilaban en la época, y que los políticos consideraban entonces una «verdadera locura». El tiempo le ha dado la razón y ha resultado ser un gran acierto para Barcelona y área metropolitana, especialmente para el área del Baix Llobregat, cuando dio lugar al Cinturón del Litoral que, curiosamente, más tarde proyectaría una empresa del mismo Bosch Aymerich.

A pesar de las pocas facilidades que ha tenido en su tierra, hay que señalar algunas obras de envergadura. Por ejemplo la Villa Olímpica destinada a jueces y Periodistas de Badalona (Montigalà), el complejo de apartamentos de lujo Cap sa Sal de Begur en la Costa Brava y el hotel Reymar en Tossa de Mar, para su hermano Alfonso.

En paralelo se dedicó a la actividad inmobiliaria en Barcelona. Es destacable la empresa ECISA, formada también con antiguos compañeros de la carrera de ingenieros. Al día siguiente de la obtención del título, para esta empresa presentó a visar el Colegio de Arquitectos el proyecto de un edificio de media manzana en el Eixample. Fue comentado como el más destacable del año 1948.

Su destino, tanto profesional como empresarial, estaría marcado por una fecha trascendental en la historia contemporánea de España. El 26 de septiembre de 1953 se firmó, con EE.UU., los convenios de colaboración que ponían fin al aislamiento internacional del régimen franquista.

Las bases militares que se debían implantar en territorio español eran la parte más destacada del tratado. La Navy fue la encargada de construir las bases hispanoamericanas y contrató varias empresas de su país para el diseño de proyectos. Una de las principales fue la del ex-almirante Frederic R. Harris, empresa que proyectaba las instalaciones petrolíferas del Golfo Pérsico. Estas compañías se agruparon en la AESB (Architects and Engineers Spanish Bases) y se pusieron en contacto con José María Bosch Aymerich. Se constituyó entonces «Bosch Aymerich y Asociados, SA». En pocos días el pequeño estudio del arquitecto e ingeniero se convirtió en una gran empresa que llegaría a contar con más de 300 colaboradores.

Con todo, fue aún más decisivo en su trayectoria empresarial lo que vino poco después de terminar su trabajo para el gobierno estadounidense. Uno de los más importantes contratistas, Frederic R. Harris Inc., propuso a su colaborador catalán seguir trabajando juntos. Así el cliente se convirtió en socio y surgió Harris Bosch Aymerich SA, compañía encargada de desarrollar importantes obras públicas en territorio español y posteriormente en Bélgica, EEUU y Sudamérica. Cabe destacar la red de autopistas en el País Vasco, los puertos petrolíferos de La Coruña, Castellón y Tarragona, y el pantalán petrolífero del puerto de Barcelona.

Como colofón del bagaje técnico que había acumulado, en 1965, sucedió otro hecho decisivo que le consolidaría en el terreno empresarial. La empresa Planning Research Corporation, PRC, formada por la élite de los funcionarios técnicos de la administración americana, que cotizaba en la bolsa de Nueva York, absorbió, entre otros, a su socio Frederic R. Harris, lo que conllevó que Bosch Aymerich se convirtiera en un pequeño asociado de PRC. En aquellos tiempos no era poco formar parte de la cola del gran león americano. Tanto era así que, a partir de este hecho, dejaría de batir como gato panza arriba por los puestos de permanencia en la primera división y pasaría a disputar los primeros puestos de la clasificación. Para hacerse una idea de la magnitud de la empresa, hay que recalcar que había asignados más de 2.000 técnicos de alta calificación sólo para uno de los proyectos de PRC: la lanzadera Columbia de la NASA en Cabo Cañaveral.

Bosch Aymerich fue nombrado director mundial de la División de Arquitectura de la multinacional y, en compañía de su esposa, se convirtió en un viajero incansable, para estudiar sobre el terreno, proyectar y controlar la ejecución de las obras desarrolladas por PRC en los cinco continentes. Por ejemplo, en función de un contrato con la «Royal Comission of Jubail & Yambu», encargada de los oleoductos que iban del Golfo Pérsico en el Mar Rojo, diseñó y supervisó la construcción en Arabia Saudita de las ciudades petrolíferas de Jubail y, sobre todo, de Yambu.

Al volver de EE.UU. se puso a trabajar en la gran ilusión de su vida, esta vez situada en medio de Barcelona: en el triángulo de oro de Plaza Cataluña-Pelayo-Bergara, la codiciada manzana que, en parte, quedaría libre sobre la antigua terminal del tren en Sarrià. Para este espacio, presentó en 1955 un proyecto en la III Bienal Hispanoamericana de Arte, obteniendo el Gran Premio de Arquitectura. El año siguiente fue ratificada la propuesta con el Primer Premio del Salón Internacional de Arquitectura y Arte Monumental. Era nada menos que un edificio de 40 pisos, una audacia arquitectónica impensable para una ciudad en la que antes de 1992 no se concebían edificios de esta envergadura.

Pero a él le parecía que tenía el camino expedito. Sólo necesitaba ponerse manos a la obra, convenciendo a amigos, políticos y empresarios influyentes. Con ellos creó una empresa «Iniciativas Barcelonesas, SA» (IBSA), presidida por Miguel Mateu Pla (ex-alcalde de la ciudad). Participaban Luís Olano Barandiarán, el Barón de Viver (también antiguo alcalde), miembros de la familia Recasens (fundadores de Cepsa), la familia Molins (Ciments Molins), los hermanos Luís y José Noguer Sunyol, (de Industrias Agrícolas, SA .), su primo Jose Ildefonso Sunyol, el Dr. José Poal, Alberto Palachi, el agente de cambio y bolsa Pau Negre, el Banco de Madrid, el Banco Condal, Torras: Ferreries & Construcciones, la empresa MACOSA, etc. Entre otras entidades de la ciudad, figuraba también la empresa Aluminium Company of Canada, que se comprometía a aportar el material más distintivo de la obra. La propuesta provocó una gran controversia y el Ayuntamiento convocó un concurso para adjudicar la construcción de un edificio singular en el solar más codiciado del país. IBSA fue la única empresa que se presentó. Pero, como es fácil suponer, había otros intereses en pugna. Continuas oposiciones e intrigas le acabaron desilusionando y decidió abandonar la idea. Se acabó vendiendo IBSA a una empresa extranjera para que los accionistas pudiesen recuperar la inversión.

Consideraba el proyecto digno de la monumentalidad de la capital catalana, ahora bien, seguramente lo había puesto sobre la mesa demasiado pronto. Se siente un poco dolido cuando afirma que «hacer las cosas en CATALUNYA ha sido -al menos para mí- como una carrera de obstáculos, pero yo quiero mucho a mi tierra y quiero seguir aquí. En cambio, trabajar fuera de España me ha resultado más atractivo.

También añade que la Comunidad de Madrid le ha sido favorable. Así lo demuestran una serie de edificios emblemáticos y las miles de viviendas unifamiliares construidas a través de la inmobiliaria Levitt Bosch y Aymerich SA que se ha convertido en una de las empresas líderes en este campo.

El espíritu inquieto y siempre atento a las oportunidades que se le presentaban lo llevó a graduarse, en 1954 como Técnico Urbanista, en la rama de ingeniero y en la de arquitectura, en el «Instituto de Estudios de Administración Local «. Para aplicar los conocimientos adquiridos se asoció con Mateu Schohl, ingeniero hidrogeólogo, con quien puso en marcha la empresa denominada SAETA, «Sociedad Española de Explotaciones Turísticas y Agrícolas», dedicada a crear terreno urbano o de revalorización agrícola, recuperando predios baldíos. Como resultado de estas actividades, aunque mantiene la Propiedad de algunos terrenos recuperados además del Hotel de Suites Sa Punta de S’Estañol en la playa de la Bahía de Alcudia (Mallorca). Así como el terreno necesario para la Estación de Esquí de Masella, obra de gran dificultad de ejecución desde el punto de vista técnico y paisajístico, que ha sido un factor determinante en la dinamización económica de la comarca de la Cerdaña.

Acto de inauguración en Masella de la calle del Sr. Bosch Aymerich (28-03-2001)

Este texto proviene de un libro editado en Octubre de 2016, denominado:
“El Sello de la Excelencia”, Empresas Emprenedores Dirigentes
Francesc Ribera Raichs
Editorial Dobleerre

A sus 97 años y después de haber luchado por sus empresas, deja un legado empresarial que creó a lo largo de una vida de trabajo infatigable. Siempre apoyado por su amorosa y ya fallecida esposa M. Rosa Escarpenter Fargas y rodeado de buenos colaboradores. Su iniciativa filantrópica, en la que en los últimos tiempos, concentró trabajo y esperanzas, es la Fundación Privada Bosch y Aymerich, creada en 1996, que entre otras actividades, tiene como objetivo el fomento de los estudios y la creación en los ámbitos de la Arquitectura y el Urbanismo.